La mandala y el barista

No sé si ellos lo sepan, no sé si la idea original sea esa. Me gusta hacer dibujos en cualquier papel que después rompo, tiro o meto en cualquier cajón. Tardo a veces horas haciendo muchos y a veces solo unos minutos haciendo uno. Los hice sin saber la relación entre mi mano, el tiempo y el cerebro. No siempre me enorgullecen los dibujos terminados, lo que me satisface es la sensación que queda. Se ordenan las ideas, se equilibra el pensamiento, se queda la mente en blanco, los ruidos en mi cabeza desaparecen. Después, caminando se llena poco a poco, con orden el vacío y el espacio en blanco, una enorme y placentera sensación de libertad de pensamiento.

He observado a los Baristas cuando dibujan con la leche sobre la espuma y el café, por unos segundos quizá un minuto ellos fijan su vista en el chorrito de leche, mueven despacio el vaso, imagino que su mundo alrededor desaparece, el establecimiento sus ruidos y la gente no existen. Entregan en seguida, una flor, una planta, un nombre, una Mandala que no es para ellos, no es para los clientes, es para su tiempo y su mente.

Me imagino que es por eso que la pasión del Barista es inagotable, porque en cada taza se rehacen, se reconcentran y es como si después de cada una de sus mandalas de leche, espuma y café volvieran a empezar de nuevo, como si vivieran muchas veces la misma vida, en el mismo día y con muchos cafés en turno.

A mí, la verdad no me importa qué dibujen porque lo revuelvo o le pongo la tapa y lo disfruto, de seguro esa desconcentración del mundo, la tranquilidad y gusto con que dibujan los baristas va dentro de la taza y es parte de la delicia de un buen café. L.Ruiz 2015

 

No vela

Estoy trabajando en una novela nueva. Se parece a muchas novelas, es que todo en el espacio es una. Está llena de realidades que parecen mentira y llena de mentiras que parecen verdades.
Hay gente que no existe y la pongo a existir con letras, hay algún loco que es muy cuerdo y muchos dementes que saben vivir. Incrusté un medio negro que no supe cómo llamarlo porque hoy todo se confunde con racismo sin importar cómo lo digas. Tengo un par de monjes que se tallan los ojos con las mangas de la túnica y no pueden caminar, a veces cantan, solo que les duele la garganta por tanto silencio. Hay un imbécil que aún no tiene nombre y una estúpida loca que no sabe cómo llegó a ser parte de este juego de letras, ya se enfadó con uno de los monjes y todavía no sé por qué. No, no hay muchos animales, ni troncos parlanchines y no, tampoco puse a hablar a las comadrejas, esas solo pasaron cuando el imbécil y el negro gritaron que necesitaban salir de las hojas, que dizque ese no era su lugar. Les dije que ahí se quedan y cambié de hoja rápido. Los tengo que entintar a todos antes de que se me salga uno, hasta le puse bigotes al negro por gritón. De una cueva cerca de los montes, salieron tres salvajes y arañaron al loco, que de una patada las puso a correr, los voy a encontrar por ahí de la página setenta y ocho. Es un montón de gente que por alguna razón siguen el mismo camino, aun cuando yo les dibujé más de cien. Una tragedia les espera a todos estos, y no es necesario que yo la invente, solitos están construyéndola con sus propias manos. Creo que me quedaré a ver cómo se hacen pedazos, después yo rompo las hojas y tan, tan. Nadie vivió feliz para siempre.

¿Era?

¿Y viste el cielo? ¿Te fijaste en el horizonte?
Siempre lo veo, siempre me fijo, era todo tan lejano.
¿Era?
Sí, como esas veces cuando vuelves a la casa de la abuela y el jardín se redujo, los columpios no son tan altos ni las cuerdas tan largas, cuando gritas en el patio y tu voz se aleja hasta la casa de enfrente. Como cuando la carrera por la cuadra era eterna y tomaba sudor y rapidez para llegar a la otra esquina. Todo era tan grande, tan lejano, tan inalcanzable.
Subir un cerro y cruzar un río requería, además de valor, de tiempo. Eso tan imponente ante los ojos, ese querer llegar, lograrlo y regresar. Comer galletas y seguir corriendo, detenerte a beber agua de la manguera en la casa del vecino.
!Éramos tan pequeños!
Hoy, las estrellas se ven aquí, en la punta de la nariz. Se puede rasgar el cielo con las uñas y alcanzar el horizonte en tres zancadas, la voz rebota en las paredes, ya no hay eco ni voces que respondan en el aire. El espacio de los cerros y los montes se llena y se rellena de concreto y modernidad.
Cada día todo es más cercano, todo queda manoseado porque todos lo alcanzan, todo se ensucia tan rápido. No, no es que ahora sea grande, seguimos siendo y somos aún más pequeños que antes, es solo que alrededor todo se junta, oprime y el horizonte cada vez se ve más cercano, como limitando la posibilidad de llegar más lejos.
O, ¿es que ya llegué a donde debía llegar? L.Ruiz 2015

El mar de hoy

Caminando las maderas que hacen línea hacia un horizonte muy cercano, caminando los empedrados que hacen las veces de camino. Paseando mis pensamientos por la orilla del mar y montando la mirada en las rocas silenciosas. No más huellas que se borran con la siguiente ola, ahora el mar dejará su huella en mí y hago fila para que la ola siguiente me moje los zapatos, el pantalón, la chamarra, la cara.
Un salvavidas hace señas a lo lejos, le respondo agitando la mano, me llama. Que me salga del agua, parece decir, no hago caso y me adentro un poco más. El salvavidas baja corriendo, ha de querer salvarme la vida, y mi vida ya está salvada –pienso- Me pregunta si estoy bien,
Por supuesto –le digo- solo quiero llenar mis bolsillos de arena. L.Ruiz 2015

Pues no, ni tanta

Agradezco su tiempo. Muchas gracias por su atención. Agradeciendo responda la presente. De antemano, por su atención gracias. Ya las más exageradas cerraban con Su más atento y Seguro Servidor. Muchas formas de finalizar una carta, un documento, una propuesta o una solicitud.
Como tantas otras frases y palabras que en su tiempo de novedad, eran parte importante de la imagen de la persona que enviaba, frases que, lejos de ser obligatorias, eran realmente atentas y llenas de formalidad.
Las frases de despedida daban la pauta para la siguiente comunicación, era como finalizar en persona con un apretón de manos y en la mirada el mensaje de “confíe en mí”
Probablemente se siga escribiendo con la misma intención y cuando se firma el documento se tiene la seguridad que será respondida de manera favorable. Así se envía, más ya no se recibe igual. Si acaso se tiene una respuesta será un acuse de recibido, sin intenciones de darle seguimiento.
En otro tiempo, la carta tenía el sello y la firma de quien recibía y el original quedaba en la charola para entregar a quien corresponda, mismo que respondía aun cuando fuera a través de la secretaria. Personalmente se entregaba, personalmente se recibía.

Y como la comunicación electrónica facilita los envíos, de la misma forma facilita al otro, borrarlos, las posibilidades de recibir respuestas afirmativas, lo mismo que negativas es mucho más sencillo.
En un correo electrónico puede suponerse cualquier mensaje entrelineas, sobre todo cuando la redacción es reducida y el vocabulario pobre. La atención de regreso no existe en la mayoría de las veces.
Cuando la persona se presentaba con un documento, solicitando audiencia, una cita o una entrevista. Se escuchaban frases de negativa con una sonrisa, no lo puede atender, está en una larguísima reunión, dese una vuelta más tarde, vuelva mañana, le agendo una cita. Sin embargo no se cerraba la puerta y el seguimiento se daba de una u otra forma.
En un correo electrónico ya no se escucha nada ni se recibe una sonrisa que suavice la negativa, la atención de ida existe, la de vuelta simplemente se esfumó. L.Ruiz 2015

La incongruencia del aplauso

Desafortunadamente los temas que hacen a las películas ganar, son crueldades sociales, realidades creadas por mentes desfasadas, desequilibrios de la sociedad. Aun cuando es necesario conocerlos desde otro punto de vista, como para ablandar la impotencia que causa, me parece casi obsceno que se recuerde lo que existe por medio del drama y el dolor escenificado. La película mental existe ya cuando se escuchan en las noticias, ya el reportero que cubrió la noticia, sufrió la realidad, ya lloró quizá en soledad, ya cobró y nadie le aplaudió.
Es posible aplaudir a los actores que se atrevieron a fingir el dolor y la desdicha de otros, al director que vio en el hecho la posibilidad para sobresalir y darse a conocer.
Infinidad de películas ganadoras de tantos premios, han tratado los temas más oscuros de la sociedad, han exhibido crueldades que rebasan la capacidad de entendimiento. Las más terribles tragedias humanas se convierten en grandes éxitos de la cinematografía y aquí es donde aparece la incongruencia, ¿cómo aplaudir, sonreír y felicitar cuando se ha visto tal inhumanidad? ¿Se aplaude la infamia? ¿Se cobra la realidad? ¿Se tiene que pagar para ir a ver la injusticia?
¿Alguna de esas producciones aportan económicamente para aliviar en algo la situación que presentan? Alguno de los actores, al salir del personaje ¿aporta su experiencia para ayudar y educar más allá de la pantalla?
¿Cuántas películas harán la labor social que se merece el mundo? Y si, acaso logran aliviar un poco los grandes males. ¿Se vale “poner en alto” el nombre de un país, de una ciudad, de una comunidad, con un tema escabroso?
Aun cuando hay películas que pudieran ser tema obligado para ciertos sectores como parte de la educación, ya en el cine, la mente siempre sabe que “es una película, puede no ser verdad” como sucede con las de terror, suspenso y la ficción, además existe en el ser humano esa sutil defensa del pensamiento “a mí no me va a pasar”.
Los aplausos de los espectadores, los premios recibidos y la cuenta bancaria alimentada al final, parecen decir ¡Salvamos una parte del mundo! ¿Será?
Hay muchas películas que no quiero ver, porque no me gusta castigarme, no es mi afición ir a sufrir en comunidad, con un montón de gente que ni conozco, ni en soledad. Hay sufrimientos que no son necesarios para mi vida y eso no me hace insensible ni desconectada de la sociedad. Pertenezco a un mundo en el que hay cosas que no se van a solucionar porque yo las llore, porque las conozca o porque pague porque me las muestren personas que no han sufrido lo que proyectan.
Me duele el mundo, si, y lo que sucede con la humanidad, aplaudirle a la desdicha no me hace perfecta, muy lejos estoy de ser un ser humano congruente totalmente. Aplaudir la tragedia me hace solamente parte del redil al que definitivamente no quiero pertenecer.
Solo me quedo con el abrazo para aquellos que superan su propia esencia y se atreven a representar la de otros.
L.Ruiz 2015

Coincidencias y certezas

Ya no tenía muchas ganas de volver a las cosas sociales que no siempre, o casi nunca se resuelven con solo letras. Y hay situaciones sociales que le pertenecen a otros que no escriben y por supuesto no van a leer las denuncias o demandas de los demás.
Alrededor del mundo pasan cosas, las peores tienen que ver con envidias, egos, luchas de poder, ambiciones enfermizas, sin dejar atrás las religiones. En cada ciudad puede ser diferente y los asesinatos lo hacen todo igual, al final es el conteo de muertos.
En Tijuana ha habido esta refriega de eventos que nos hacen volver la vista atrás, regresa la violencia, se parece a la de hace unos años, solo que esta vez puede no ser igual y no tener las mismas razones.
Los colores, está visto, no combinan en un mismo estado y eso puede provocar la diferencia.

Las personas que componen (o descomponen) la administración pública, tienen intereses, escudos y banderas partidistas diferentes.
En cuanto a la inseguridad, es el mismo Secretario de Seguridad Pública Estatal de entonces, y son otras personas y otros colores en la administración municipal y estatal. Puede ser que esto sea lo que provoca la separación. No se ponen de acuerdo porque no pertenecen a la misma familia.

Y de familia nos hablan ellos, dicen que todo radica en la familia y ellos, no saben conciliar las diferencias,. No se quieren, no se caen bien, no se respetan, no aplauden los aciertos de unos u otros, y si, son buenos para desbaratar y atropellarse en el camino, se les da muy bien eso de darse la mano para la foto, aunque insistan en que esto no es cierto.
Coincidencias y certezas.

Hay dos pensamientos oscuros que han corrido por mi cerebro de ida y vuelta, sin poder aclarar nada.
El hecho del desalojo de la canalización, insisto, el rio Tijuana tenía, dentro de toda la basura, un orden. Por querer quedar bien en apariencia, no planearon el después de. Ahí adentro la venta, compra y distribución tenía una mafia, compleja hacia afuera, bien organizada hacia adentro. Se han suscitado toda clase de violencias que arrojan la misma respuesta, el reguero de pólvora por las calles que cualquier cerillo enciende.

A la violencia, asesinatos, suicidios, balas perdidas, riñas a muerte, asaltos de todo tipo, a robos de focos en las casas no le han querido poner nombre, no han querido ver la razón.
Por años se mantuvo ese canal con toda la conciencia de lo que había y cómo se manejaba y la violencia afuera, es decir en el resto de la ciudad era por otras razones, mayores razones quizá.
En un par de días se cerró el “centro de abastecimiento” de drogas más grande sin pensar en las consecuencias, que son las que estamos viendo día y noche.

El otro pensamiento, quizá tan absurdo como real. Hace muchos años recogimos de la calle a un perrito callejero, enfermo y hambriento, lo curamos y le buscamos un hogar. Después de ese perrito siguieron muchas más, la cuenta iba en 27. Al menos cada semana sin buscarlos, nos encontrábamos uno.
Creí que había más conciencia y la gente los cuidaba y protegía porque ya no había tantos perros callejeros.
Noticia nacional: “Descubren en Tijuana restaurantes chinos cocinando perros”
“Se reivindica la comunidad china, sus restaurantes garantizan higiene”

Y la cantidad de perros que aparecen de pronto, es exagerada. Están ahora por todos lados, nueve cachorros en un terreno baldío, cinco en el rincón de una calle, cuatro en una caja, todos los días aparecen anuncios denunciando perros abandonados o perritas hembras muertas. No era la conciencia de la gente, era, ¿otra la razón?
Ni los perros, ni los drogadictos son responsables. Ni los perros tienen familia, ni los drogadictos tienen capacidad de razonamiento. Ni los perros ladran solo porque son perros, ni los drogadictos matan o se matan porque son malos. Todo tiene un inicio y cada uno decide cómo y cuál es, para bien o para mal. Estos dos males paralelos tuvieron un inicio, ahora nadie puede o quiere darles una conclusión sana para todos los demás. Para estos asuntos está el gobierno y para esta sociedad el color es lo de menos. L.Ruiz 2015

Regalo empalagos

Buscaba tu nombre entre los tiempos esos que nos deshicieron. Encontraba a veces una que otra lágrima perdida y escuchaba la voz lejana, que hecha polvo a veces me abraza de madrugada.
Buscando en un rincón los brazos que no son más, tropezando con la respuesta en el tiempo que te hizo, el que recorrieron mis pasos sin tus manos.
El tiempo humedece aquella caja de recuerdos, con recados de semáforo, boletos de cine, envolturas de chicle, la cajita donde imaginé un día, guardar tus besos.
Eso que ya no existe se desprendió de una nube rota, dejándolo caer en el ataúd donde buscaba tu nombre. L.Ruiz 2015

Lugar real

La realidad es un lugar en el que debe haber una ventana para que entren los deseos, una puerta pequeña para que no puedan salir los sueños y para llegar a ella, un camino lleno de desviaciones en el que la necedad se pueda perder, no encuentre la puerta, no vea la ventana y no haga pedazos ese lugar real. L.Ruiz 2015

Sin ayuda más allá de sus manos e inteligencia

Eleanor Roosevelt, fue una niña fea, su madre lo decía a sus amigas delante de ella. Eleanor se supo y se dijo a sí misma, horrible. Sus hermanos no jugaban con ella. Su niñez fue de absoluta soledad. Eleanor vivió años esperando el regreso de su padre para que la llevara a conocer el Taj Mahal.
Creyó ciegamente en el juramento y promesas de su padre, mismas que nunca cumplió. Su madre murió siendo ella muy pequeña y su padre terminó en un asilo psiquiátrico. Los tiempos y la distinción del apellido Roosevelt obligaban a la familia a pertenecer de acuerdo al protocolo y Eleanor solo fue el blanco de burlas y desafectos.
Le bastaron tres años en un colegio de señoritas y una sola maestra, para darse cuenta de su valor como persona, como ser humano, como mujer. Eso fue lo que la impulsó a creer en sí misma y dejar atrás el desamor con el que creció.
Durante el tiempo que duró el compromiso matrimonial con su primo Franklin Roosevelt, Eleanor sirvió en los barrios más pobres de la ciudad. Ayudar y servir eran sus mayores, por no decir sus únicos talentos.
Aun cuando se casó enamorada de su primo Franklin, la madre de éste, le quitó toda autoridad como señora y esposa, fue minimizada y anulada por su suegra. Haber sido madre, para Eleanor fue un suceso desconocido, los sentimientos hacia sus hijos eran muy lejanos, el hecho de haber sido una niña sin atenciones aunado a la autoridad total de su suegra, sus hijos crecieron en manos de las nanas y de la abuela paterna.
Eleanor, aunque se dolía de los aspectos oscuros de su vida y del desafortunado lugar que ocupó en su familia, siempre le quedó instalado el profundo deseo de servir.
Vivió desinteresada de la sociedad, normas, gente y formalidades, tanto, que su secretaria tuvo que decirle quién era Frank Sinatra, cuando le llamó por teléfono para invitarla a un evento especial.
Por once años consecutivos Eleanor fue premiada como una de las diez mujeres más admiradas del mundo. El onceavo galardón lo recibió de manos de Frank Sinatra quien además le preguntó cuál sería una palabra que le diría a cerca de 25 millones de personas que la veían y escuchaban.
Ella dijo: Esperanza. “Que el mundo tenga esperanza, la próxima vez que te encuentres con la barbilla en el piso, debes saber que hay mucho que aprender. Entonces mira alrededor… “era el inicio de High Hopes, que cantaba, por supuesto Sintara.

En el mundo raro de gente convencional, de personas que buscan de qué y cuántas veces quejarse. En una sociedad en la que los estereotipos se marcan a través del color, del dinero, de la posición social incluso el acento o la actitud. Para las niñas, los niños, jóvenes que se sienten desatendidos, acosados, burlados. Que se sienten feos, gordos, flacos, desprotegidos. Tienen que saber que además de lo que les toca vivir y ser dentro de su propio mundo, hay mucho más o quizá una sola cosa que les puede salvar la vida para bien, el hecho de descubrir un talento, desarrollarlo y como obligación humana, compartirlo. Lo demás, como dice otra parte de la canción “cuando los problemas llegan, y tu espalda esté contra la pared, hay mucho que aprender, la pared puede caer…”
Eleanor fue tan desafortunada como muchos niños de hoy, ella era de familia adinerada y eso no fue lo que la levantó. Ella vivió envuelta por gente importante y eso no fue lo que la salvó. Ella vivió sin amor y rodeada de promesas no cumplidas y no fue eso lo que la detuvo. Ella supo de engaños, de traiciones, de mentiras y eso no la paralizó. Ella fue siempre físicamente fea y eso no logró que se escondiera del mundo. Ella tuvo solamente su propio ser, su credibilidad en sí misma, su talento y alegría por ayudar y servir, y eso, eso es lo que la llevó a ser, una de las mujeres más admiradas del mundo, posiblemente casi sin ayuda de nadie. L.Ruiz 2015

Suicidio y medias vidas

 

Leí una vez hace muchos años, un artículo en una revista (Selecciones del Reader’s Digest) que hablaba del suicidio. Decía algo así como “¿Está usted pensando en suicidarse? Piense primero cómo.  Después sepa que cuando usted se muere, se le salen todos los líquidos y los fluidos del cuerpo, es decir, se caga y se mea”
La sola lectura y la impresión de imaginar a un colgado, cagado y meado, me provoca un espasmo. Imagino también a la familia que tendrá, además de descolgar al muerto, limpiar aquel mugrero entre lágrimas de angustia, coraje y mucho pesar.

La sensación de pensar en el suicidio como cosa de solución a un gran o un diminuto problema, me parece más como cosa de castigo a las personas que lidiarán con esa imagen, con esa casi vergüenza social y sobretodo con esa historia como parte de la genética familiar.
Pienso que todos en algún momento hemos pensado “me quiero morir de una vez” y el día cambia, la noche llega, el sol siguiente aparece y desaparece también la idea funesta de que querer morir por puro gusto,  por pura desilusión, o por pura necedad.

No me parece que sea una cobardía personal, porque más cobarde es quien no se atreve a vivir mientras está respirando y nunca piensa en quitarse la vida. Tampoco me parece que sea un acto de total valentía, porque si se tiene valor para darse un tiro, o preparar el escenario para colgarse, con seguridad habrá valor para seguir viviendo a pesar de lo que sea.

El cerebro humano y la humanidad misma han evolucionado en tantos aspectos y al mismo tiempo se ha detenido en otros tantos. Por supuesto nunca se sabrá lo que pasaba por el cerebro del suicidado, aunque se sepa con exactitud su vida y sus malestares, aunque por desventaja se le dé la razón,  las etiquetas de cobarde o valiente no le pertenecen a quienes deciden quitarse la vida.
La historia que duró diez minutos en alguna parte de mi vida, no tiene explicación, no se trataba de querer o no querer. Se trataba de enojo y soledad. A mis 21 años, con una pistola, cartucho cortado apuntando a mi sien y mis ojos mirando a lo lejos (la pared a dos metros enfrente) entre sacar la pistola, -una que debió ser de mi padre, y que inexplicablemente estaba bajo un colchón- seleccionada a mi frente primero, luego a la sien derecha, revisar el cuarto y “prepárame” para disparar.

Imaginé en donde quedaría mi cabeza estrellada, a dónde se irían mis sesos y el lugar en donde quedaría mi cuerpo inerte. La sola escena de ese cochinero, me hizo descargar la pistola y volverla a su lugar.
No sé si fue esa lectura en la revista que, aunque no la recordé en el momento, quizá se había quedado guardada con puntos y comas justo ahí dentro, donde la pistola apuntaba y haya sido eso, lo que me hizo detenerme.

Si recuerdo que mi vida era un desastre y que mi camino no tenía aparente destino. Hoy lo veo de lejos y cada vez que me entero de un suicidio, pienso que todos debieron haber pensado y leído ese pequeño texto que definitivamente dibuja una realidad que no tiene nada de dulzura y compasión, es como es, no hay más. A menos que la idea de suicidarse sea solamente por amargarle la vida a los demás.

No puedo hablar de personas con enfermedades mentales o personas adictas a las drogas que pierden total consciencia cuando de conseguir una dosis se trata, porque en la desesperación por la “malilla” son capaces de acabar con la vida de otro o con un poco de suerte –para ellos- la suya.

Suceden suicidios de indigentes y adictos en los últimos meses en Tijuana, desde que se “limpió” la canalización del Rio, los barrieron como basura en una escalera, solo que en lugar de arriba para abajo, como debe ser, insisten en barrer de abajo para arriba y así, jamás una escalera quedará limpia. Y decían que los habitantes de la canalización eran solo migrantes.

Cada ser humano que quiera pensar en el suicidio, debería saber con exactitud, qué quedará alrededor después de su último suspiro, además de la carta póstuma y qué historia cargará la familia el resto de sus vidas. El comentario por sí mismo suena sarcástico y burlón, sin embargo no está exento de ser una pura y verdadera realidad.

Dice Miguel Barbosa y Eduardo Ruiz Healy que el tema del suicidio debe ser asunto de Estado. El estado tiene ya tantos asuntos inconclusos, tantos asuntos politizados, tantos asuntos sin ton ni son, no le den vueltas ni inventen otro programita para bajar recursos. El tema del suicidio, de  violencia, de acoso, de maltrato, de drogadicción,  ha sido y siempre debe ser un asunto interno y debe ser tratado dentro de la más poderosa  Institución que se llama Familia.

Luisa Ruiz 2015

Solo para caballeros

Cuando la vida se me detiene, cuando el tiempo me vuela los cabellos y yo me quedo impávida ante la lluvia torrencial. Cuando la miel de las hojas perdidas se convierte en hiel fangosa. Cuando las horas pasan sin sonido y los minutos se amontonan en la almohada. Cuando parece que la misión está cumplida. Me descubro respirando y tal vez sintiendo, entonces me empujo a hacer cosas que me provoquen miedo. Si mi camino no lo invento, si mi carrera no la acelero, si dejo que mis pies se entierren en el lodo, estaría dejando que mis alas se atrofien y corra el riesgo de olvidar cómo se vuela. me acerco a la orilla barranco y me lanzo con ojos cerrados. Las alas se abren y se atreven a escribir solo para los caballeros. Aquí está y es mañana jueves 7 de mayo a las 7:30 de la tarde. Volando y planeando sobre la espesura de un bosque de letras, lo peor que pueda pasar es que no asista nadie.  De todas formas, yo seguiré volando…. L.Ruiz 2015cuadratura (1)

Albañil

A todos los que leen, escriben y crean porque también son albañiles, algunos no muy buenos por supuesto, como yo, que he amontonado ladrillos sin forma. Muchas veces olvidé que la mezcla debía tener también arena y alguna pequeña construcción se me cayó encima, muchos de mis andamios no los supe equilibrar.
Somos albañiles y quizá no lleguemos a ser un perfecto arquitecto, mucho menos del propio destino. Quiero quedarme en el nivel de albañil, empujarme a acarrear bloques y vigas para cobrar a destajo y saborear la ganancia como éxito diario.
Seres humanos, albañiles de las propias construcciones y de las grandes destrucciones también. Carretilla en mano, entre arena, cal y cemento sin destino y sin puerto. La construcción de un día, la edificación de una vida que será justo del tamaño y el peso que los hombros puedan resistir. Una que se pueda dejar en una esquina de cimientos profundos, paredes fuertes, puertas para salir corriendo y ventanas que permitan la entrada de la luz de otros ojos. De la santa cruz, un montón de orígenes. De los albañiles, todos. Tengan un alegre y productivo día, hoy y siempre. L.Ruiz

A favor y al contrario

Tengo más y es lo de menos, al último eso siempre queda al  principio. Y si de salida se atraviesa la entrada, con la mano derecha recibo lo que llega y con la izquierda entrego lo que tengo, hasta arriba y desde abajo eso es lo de menos, al fin que tengo más.

No te asustes

La etapa que estás viviendo es la más valiosa a nivel personal, es la más importante de tu vida, los demás ya están bien, ahora te toca a ti.
No importan las lágrimas que quieras llorar, esas no son de hoy, son de todas las veces que las detuviste.
No es la tristeza de hoy, es toda la que guardaste para que los demás no se preocuparan.
No es la confusión de hoy, es todo aquello que no quisiste pensar, porque estabas ocupado en que los demás no se confundieran.
No es un enojo hoy, son todos los enojos que no quisiste tener porque los demás estuvieran contentos.

Es el despertar de un tú que se durmió mientras el otro trabajaba. Es ahora, tu tiempo y no te preocupes demasiado, todo este camino de evolución te llevará justo a donde tú quieras, para sentirte cómo quieres sentirte el resto de tu vida.

El tiempo que vives no es para deprimirte, es para divertirte dándole la cara a ese que quiere SU PROPIA VIDA, dale la cara con una sonrisa y verás que tu otro yo te da la idea perfecta para que puedas sonreír siempre, a pesar de lo que sea.

Te deseo un bonito día hoy, y quiero ver que sonrías aun cuando tengas ganas de llorar, también las lágrimas tienen cara bonita, no las confundas con la tristeza.
Conócete de nuevo y decide. Recuerda que cada hoy, es el futuro que decidiste ayer.
L.Ruiz. 2014 ahorita.

« Older entries

Seguir

Recibe cada nueva publicación en tu buzón de correo electrónico.

Únete a otros 38 seguidores