Soluciones, no las tengo


A estas alturas del partido y después del medio tiempo. En el penúltimo round de la pelea, o en el último segundo de un juego cualquiera. Es difícil establecer si el infortunado logrará pegar el gancho al hígado fulminante, el tiro justo de gol inesperado, el punto decisivo para rebasar por nada al aparente ganador. Los recuentos no son lo más apetecible cuando la justa no ha sido a favor, y los intentos por establecer una visión completa de los hechos actuales en el país, son casi infames igual que un juego.

Pareciera que los ojos y la memoria no alcanzan a tocar, al menos, los 18 años anteriores. No más allá. Quien insiste en regresar tanto tiempo como 100 años e iniciar una revuelta a partir de 1911, por ejemplo, es perder el tiempo. Las preguntas del por qué, cómo y las comparaciones de una revolución o las protestas de los años 20’s o 30’s, las injusticias no pueden ser comparadas. La razón es simple, ayer eran menos y podían ponerse de acuerdo con mayor facilidad, si dos o tres no estaban de acuerdo la consecuencia era sencilla, se quedaban solos. Ahora, siendo millones y millones, con tan abismales diferencias en todos los aspectos, por supuesto que es improbable que el acuerdo llegue a ser uno solo.

Los grupos que existen en la sociedad de ahora, son tan diversos, tan diferentes, tan extremos, tan desconocidos a veces, que sería un verdadero milagro que absolutamente todos dijeran sí a la misma decisión, o quisieran el mismo cambio.

Es incongruente eso que enseñan los autoayudadores baratos con frases aún más baratas, que el pasado, pasado está; que dejes ir el pasado; que te olvides de lo que pasó y sigas adelante, cosas absurdas como esas. Y por otro lado, que si olvidas el pasado estas obligado a repetirlo….

No me recorro más allá, el recuento desde 1900 no sería, ni justo, mucho menos lógico, tomando en cuenta la cantidad de personas en un tiempo o en otro. Los recuentos y observaciones de un pasado son importantes para detener el error, la complicación, el absurdo, más no para cambiarlo, nada hecho puede ser cambiado, sin embargo se puede empujar para evolucionarlo.

Soluciones, no las tengo.

Podría empezar por la década 60 y 70, en donde las mujeres exigían una liberación, a mi parecer cambiaron la falda por el pantalón y aventaron el sostén como forma de libertad, bien por ellas, el problema es que ellas mismas siguieron criando hijos machos y abusivos,  muchos de ellos viviendo de la misma forma en la actualidad. En la década de los 80, la fuerte campaña de “la familia pequeña vive mejor” es claro que no funcionó, nadie hizo caso, hay tantos hijos de esa campaña fallida. Y siguieron, seguimos, (yo puse un hijo en el mundo) muchos más siguen teniendo hijos como si la situación no fuera ya de por sí grave.

Pienso a veces, que se le salieron las manos al gobierno –de cualquier color-, tanta gente. Muchas de las carencias que enfrenta el ser humano en este mundo de ahora, no es más que “muchos llegaron cuando ya todo estaba ocupado” y siguen llegando a donde ya no hay lugar. Llámese la recámara extra, la cama extra, el juguete, el boleto extra para viajar,  el lugar en la escuela, el lugar para trabajar.

Y más actual, y ocupándome de los desastres por los que pasa este México de mis amores, su tierra pisoteada, sus calles pintadas de sangre, sus paredes mudas llenas de pintas –todas- hasta las del graffitti moderno, sus ciudades armadas, sus pueblos atormentados.

Sin ir tan lejos, en el sexenio de Fox, ahí, simplemente no pasó nada, ni bueno, ni malo, fueron seis años como entre nubes para ese presidente. No gobernó, es cierto. No robó, quizá. Que si el Fobaproa, que si las toallas de Marthita, que si los quince minutos con el EZLN, no hizo nada. Prueba fehaciente de que el mexicano pude vivir, sobrevivir, existir y funcionar SIN presidente. Fox, no hizo nada y los mexicanos hicimos mucho en ese tiempo.

Llega Calderón, he ahí la desestabilización primera del País. Su aberración contra el narcotráfico, su obsesión por la guerra de soldaditos, eso fue lo que hizo Calderón, principalmente (y debo usar vocabulario desagradable) llegó a si propia tierra a zurrarse encima de los suyos, mierda que aún no se termina de limpiar.

Su guerra contra el narcotráfico la hizo como le dijeron que se barrían las escaleras, “de arriba para abajo” en este caso, no era una escalera lo que tenía que barrer. “Estando el piso tan parejo….” Descompuso el orden del crimen organizado y lo sacudió como cobija llena pulgas. Voló las cabezas que le convenían, dejó miles de personas sin empleo, que porque la empresa era de un narco. Se cerraron negocios, que porque eran de narcos.

Dejando a un lado las drogas y sus consecuencias, como organización –sigo pensando que llamarle organizado, hace ver mal al gobierno y a la gente- tenía un fuerte poder económico, con sus reglas y sus formas. Descabeza Calderón los grupos y cada uno de los integrantes forma su propio clan, difícilmente se pueden organizar de nuevo, como no hay venta, no hay oferta y no hay demanda, la producción de sus mercancías se estanca en bodegones y casas. Nadie puede transportar, vender y recuperar, tampoco ellos tienen ingresos, deciden secuestrar y empiezan las masacres, los homicidios horrorosos que hemos visto. Reclutan gente sin trabajo, jovencitos encandilados con la imagen que se propaga de los narcos llegan solos a las filas del crimen –que sigue desorganizado- amas de casa desesperadas por entradas extras a sus hogares.

Llega Peña, que como si hiciera falta, lleno de equivocaciones, apadrinado por aquellos de antes, falto de experiencia y preparación, se avienta al ruedo con todo y su corrupción como único traje que vestir. En la mano, el libreto de una novela, igual de mala que las demás. Con una esposa que no hace más que el papel de escolta, mujer acompañante, la única que se prestó –vendió- a sus servicios y arrastrando con ellos, a un puñando de chiquillos, si de otra educación, mas no la mejor. La faramalla que protagoniza la pareja de novela repugnante, no era lo que el país necesitaba para enderezar el camino que descompuso Calderón.

México protesta, se enoja. Los mexicanos volteamos a ver lo más cercano, apedrear lo que se tiene enfrente, lo que se puede romper. Todos en exigencia de lo mismo, que se vaya el presidente y su prole. ¿Y después? ¿Quién se avienta ese trompo a la uña? ¿Quién tiene la solución?

En lugar de solicitar amablemente la destitución del presidente, será mejor OBLIGARLO a que limpie la regazón que le heredaron y el cochinero que está haciendo.  Ya aceptó dineros, ya se subyugó, su soberbia no le permite ver que todo está peor, no se permite ver que debió limpiar primero antes de acomodar el nuevo mobiliario de la casa–y no hablo de la blanca-  aceptó un puesto que un ser inteligente jamás aceptaría. Los inteligentes, cuerdos, sensatos, ya tienen lo suyo, les importa poco gobernar un país, en donde ya somos un chingo y ese chingo, con todas las diferencias,  no logramos poner una solución en la mesa. Lo único que atinamos a decir es exigir que se vaya el presidente, sin tener un plan para el día siguiente.

Obligarlo a que limpie y que ponga todo en su lugar. De todas formas, los mexicanos todos, con todas nuestras diferencias sabemos vivir bien, la gran mayoría hacen de su mundo un mundo feliz, a pesar de todo. Si es cierto, hay más cosas buenas, lo malo es que lo malo hace mucho ruido y se escucha muy lejos.

A estas alturas del partido, solo queda esperar a ver que el que se siente ganador, el que tiene el poder, acabe por rendirse y aceptar que su contrincante es más fuerte y resuelva levantarse después del gancho al hígado que lo hará pensar.

Mientras nosotros, mexicanos todos nos educamos de la mejor manera, a usted, le ordeno señor presidente,  que se ponga a limpiar, ordene todo antes de las ocho y esté listo para servirnos, que llegaremos todos a cenar.

L.Ruiz 2014

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