Libreto


Por haber logrado la ebullición en mi propia placenta recibí como premio, un libreto específico que suponía liberarme de cualquier inconveniencia mientras pudiera respirar. Me criaron en la barranca de los absurdos y las incongruencias.
Sabiendo que la lógica, el sentido común y la ética son determinantes para una sana existencia, ignoraron incluirlo en ese libreto, mismo que cada uno debe tener a la mano, por aquello de que pudiera olvidarse un detalle.

Rompí, tiré o quizá olvidé recogerlo de mi cuna cuando empecé a caminar, lo cambié por pasos en otra dirección con carreras a las escaleras mientras escuchaba cien veces por segundo la palabra ¡no!

Cuando empecé a hablar, me pusieron otro libreto bajo el brazo, siempre había uno extra, idéntico al anterior (el mundo está lleno de copias, todos lo quieren perder)
Cambié mis palabras de coherencia, por la irreverencia. Las respuestas exactas que esperaban escuchar, por barbaridades lógicas. Las preguntas por insólitos acertijos de los que no obtuve respuesta, porque no estaban escritas.

Cuando conocí las letras y empecé a escribir, olvidé mi copia en el patio del preescolar y la cambié por mi propia libreta, mis dibujos y mis letras grandotas y bien hechecitas, con planas llenas de caligrafía, de gusanitos con ojos y patas en la libreta de doble raya, las mayúsculas altas y las minúsculas todas del mismo tamaño.

Y descubrí que si unía las letras se transformaban en palabras, entonces aprendí a leer. Esta vez escondí el libreto con toda intención. Cambié la cenicienta, blanca nieves, los tres cerdos y caperucita por las enciclopedias y los libros gordos que había en el librero de los grandes.

Los absurdos continuaban expandiéndose por cualquier rincón y las barbaridades se convertían en grosería, en rebeldía, en castigos. Las obligaciones sociales y los instructivos familiares permitieron entonces caminar directo a la guillotina. El instructivo señalaba compromisos obligatorios de todo tipo. Entonces aferré mi cabeza, la agarré con las dos manos y me enfilé en una carrera en solitario hacia la salida de la barranca aquella…no siempre se puede salir bien librado, lo que sí se puede es andar por ahí sonriendo cuando los demás están de jeta. (porque saben obedecer su libreto)
L.Ruiz 2014

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