Querido Santa:


De niña me enseñaron a escribirte cartas, escribir siempre me gustó entonces no me era difícil dejarte una carta cada año debajo del arbolito. No sé si recuerdes ese arbolito, o todos lo que se ponían. Cada año estaban decorados diferentes. Tú no sabías, claro, porque tú llegabas cuando ya todo estaba listo y por cierto, cuando no había nadie en casa.
(Hoy tengo los ojos en el corazón de aquella niña, otro día te escribo como adulto aunque no te va a gustar nadita)
Además de casi cada fin de semana,  al principio de cada diciembre, mi papá nos llevaba al kilómetro 23. La excursión tenía el propósito de ir a escoger el pino, recoger piñas, heno, musgo y piedritas del río. Todo era para la decoración, ya en casa pintábamos las piñas y armábamos el nacimiento, que por cierto nunca estaba completo y había que comprar un burro nuevo, o pegarle las patas a algún borrego, era una casa donde había niños no se podía esperar menos. El árbol lo recuerdo gigantezco, por supuesto no lo era, así lo veíamos, en especial cuando había que treparnos a colocar la estrella. Se colgaban esferas de vidrio soplado hechas en Tlalpujahua y con las piñas, los grandes hacían arreglos que quedaban por toda la casa. La escarcha no siempre era la misma, nunca estaba bonita al salir de la caja entonces inventábamos, alguna vez con malvaviscos, otras con palomitas y mucho heno colgando de las puntas del pino.

El nacimiento tenía de suelo musgo fresco y muchos monitos, hasta soldaditos de plástico le puso una vez mi hermanito. Ahí, entre las ramas estaban las cartitas, todas bien ordenaditas y con la mejor letra de todo el año. ¿Sabes qué? Siempre te quise preguntar cómo hacías para saber de nosotros, porque en las cartas que nos dejabas como respuesta, a veces nos tocaba algún regaño (¿) ¡cómo sabías! Y los regalos, tuve la suerte de tener todos los que te pedí y los recuerdo. El hornito mágico en el que jamás hice un pastel, no sé para qué te lo pedí. La muñeca tuti, esa tan bonita y bien chiquita, tuve otra muñeca Fabiola, la muñeca que camina por sí sola, asustó tanto a mi hermano que la “operó” para sacarle el monstruo de adentro dijo. Cierto era horrible. Luego me trajiste otra, no entendí, yo solo te pedí una vez una mona, en realidad nunca me gustaron. Es que mi lista de juguetes no incluía muñecas ni juegos de té, ni pinturitas y esas cosas, incluyó el espirógrafo para hacer figuras y diseños de colores, el pizarrón mágico ese de polvo de imán algo así, para dibujar.

No sé qué contendrá mi lista para esta navidad, hace tiempo dejé de poner arbolitos y nacimientos. No, no tiene nada que ver con traumas o decepciones ni de recuerdos y nostalgias. Los tiempos cambian y los rumbos del sentimiento tienen un destino distinto sin necesidad de recordatorios rojos, verdes y dorados.
A veces me acuerdo de ti, dejé de acordarme desde aquella vez que te convertiste en mis Papás…

Y este año, si de menos pongo una serie de luces de colores en algún lugar  ¿te parece si me traes un frasquito de loción English Leather? ES que extraño mucho a mi Papá. L.Ruiz 2014

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