Radio y su voces


El compañero invisible, al que no se puede interrumpir y al le puede importar poco las opiniones en voz alta mientras se va manejando, estar limpiando la casa, lavando el auto, cocinando.
Ya no se escucha tanto como antes, la radio iba siempre a todos lados con uno, hasta que aparecieron los autos con cassettera integrada y “de ahí pa’l real” cada vez menos.
He tenido una estrecha relación con el radio desde que puedo recordar. El recorrido del cuadrante lo conocí antes que las tablas de multiplicar. Puedo recordar las letras de las canciones de antaño, las voces de locutores y sobretodo la programación.
El radio de ese Ford LTD azul marino, o del Galaxy 500 gris, o el Fairmont blanco, de camino al Colegio, sintonizaba La tremenda Corte en Radio Ranchito 1400 de amplitud modulada a las 7:30 de la mañana. Y de regreso a las 2 de la tarde, si era en el Fairmont blanco nos esperaba Radio Capital con música en español, si era el Ford LTD entonces estaba La Rancherita, de nuevo con La Tremenda Corte o Porfirio Cadena, El ojo de vidrio. XEW en el 900 del cuadrante y XEQ en el 940 kHz.
Un preámbulo un tanto aburrido, porque la idea es hacer un repaso por las de hoy, las que escucho.
Crónica de un paseo acompañada de desconocidos, ahora que me ocupo en muchas cosas en casa casi todo el día.
5 de la mañana, alguna estación de la Cd. de México que hoy me desconcierta cuando escucho que son las seis de la mañana, retraso el reloj de pared y busco a Fernando del Monte que aún no llega. Entonces tengo que devolverle la hora correcta al reloj quince minutos después cuando recuerdo que aquí la hora cambió ayer. De madrugada la radio no dice mucho.
6 de la mañana puntual a su cita llega Fernando, que aunque lo he visto algunas veces y me ha recibido amablemente en la estación, él no me ve cuando yo lo escucho y menos me escucha cuando yo hablo, mientras preparo el café. Termina y más tarde sintonizo la que sigue en el cuadrante, para escuchar su columna diaria, casi siempre me deja, como de tarea buscar la columna en internet para hacer comentarios y discusiones que escribo en mi libreta.
7 de la mañana, camino hacia radio mexicana, que ya no es radio mexicana aunque Odilón García sigue estando en la misma cabina. El recuento de las noticias, muchas que ya escuché la hora anterior, los encabezados de los periódicos, que ya no compro
(Aunque a veces hace falta tenerlos, por dos razones: una porque solo ahí anuncian las actividades culturales y la otra porque el papel periódico siempre es necesario por aquello de que el perro se orinó donde no debía. Y la otra, a que ni saben para qué, a veces lo uso de recogedor de basura, se moja la orilla y se pega al piso, luego se barre encima del papel, se hace bolita y listo)
A las casi 8 de la mañana, el enlace que hace con Ensenada, me gustan las voces de dos de ellos y me molesta mucho la de una niña que se dice la favorita (no sé favorita de quién) lo bueno es que solo le dan unos segundos. Y luego la entrevista con algún invitado. Y así, después vienen las llamadas de la gente que enojada, triste, frustrada, amable o alegre habla para “echar al aire” literalmente sus opiniones. Como todo, no siempre es agradable escuchar a veces, la misma queja, el mismo enojo y sin soluciones. Ahí Odilón habla de muchos temas, me gusta cuando se pone filosófico y lo mejor es que todos lo entienden. Me gusta también cuando, sutilmente da consejos, usa metáforas. Es como una clase y los alumnos entendieron, habrá que saber si hacen su tarea. Antes era más de eso, creo que cambiaron la línea de repente. A Odilón también tengo el gusto de conocerlo y también me ha recibido en su espacio y me ha regalado, uff, un montón de minutos. Cuando le pones cara a la voz, escuchar la programación se siente diferente, más cercana y se puede hablar con ellos, Julio o Roberto en los controles, desde la cocina de casa aunque ellos ni se enteren.
Entre las 7 y las 9 le cambio algunas veces, sobre todo cuando hay entrevista con algún político que no me gusta (¿?)
9 de la mañana, le cambio inmediatamente cuando se despide Odilón. El programa que sigue es intolerable, si estoy lejos del radio, corro porque empiezo a escuchar el jingle de entrada que es de lo más espantoso y el programa ni se diga, algo de buffet…no me quiero acordar.
A la 9 en uniradio está un programa que también es televisado, con Javier Rentería que es un encanto, hay una voz de una chica que tiene un timbre terrible para radio. Es un programa de revista que no siempre escucho completo. Tienen cápsulas interesantes y casi siempre les contesto la palabra del día. Ahí salí yo una vez  anunciando una presentación y me veo en el video y puedo reírme tanto, nunca me di cuenta cómo estaba sentada. Qué fea niña ¿Qué no te enseñaron la monjas a sentarte bien?
Cuando paso cerca del radio, le cambio a cadena tres y ahí anda Martha DeBayle, también con temas diferentes solo que a cada uno le dan mucho tiempo. No siempre me quedo escuchándola, como que de pronto no me gusta cómo habla, un tanto incongruente lo que dice y cómo lo dice. “Es neta wey” “Bájale vieja” y cosas así. Escuché un día que hablaron de comportamiento en la mesa. La etiqueta y el protocolo, en algún momento dijo “no se pongan a tragar como cerdos” bueno, hablaba de etiqueta pues… Y si tiene un invitado interesante me quedo a escucharlos. A veces son solo datos inútiles que hacen la vida útil.
A las 11, regreso a uniradio para ver cuál tema y de qué platico con los invisibles. En Círculo Rosa, busco a Olivia Murillo y a Roberta Medina ellas se divierten tanto que divierten a quienes las escuchan, las demás no me gustan mucho porque sus temas no me parecen interesantes, son cliché, frases hechas, mucho “Cómo hacer esto” “cómo lograr aquello” como si el mundo estuviera poblado de cerebros, entornos y formas de vivir idénticos. Y que bueno, al final no llegan al cómo, he ahí que no hay un instructivo preciso para hacer o dejar de hacer. Cada uno dentro de su propia biología, dentro de su propia experiencia y viviendo su propio proceso, que nunca es igual al de otro. Desde el programa Mujeres, mujeres, mujeres, conocí a algunas de ellas, me invitaron por el ICBC de Rosarito y después a compartirles algunos textos. Tengo que decirlo, mis favoritas siempre fueron Olivia y Lizbeth (que no sé dónde anda) y ahora también Roberta.
12 del día, me acompañan a hacer la comida, David Mejía y su equipo en Perspectivas. Los escucho ahora que ya no está Rocío Galván. Me gusta que platican, más que dar la noticia, la discuten y yo discuto con ellos (ya sabemos ellos no me escuchan) También igual que Fernando del Monte, me dejan tarea y luego escribo mis comentarios en la libreta.
Ya a la hora de la comida, temprano como de kínder, nos vamos a Radio Fórmula, el noticiero un rato, con López Dóriga, a veces para hacer entripados. Es más bien para esperar a Jaime Flores y Fernando del Monte, que siempre comen con nosotros. Ese es uno de los programas que debería durar dos horas, una no les alcanza, pasa tan rápido como un relámpago. Ellos no saben, aquí en casa les contestamos, les comentamos. Me han dejado entrar en su cabina, alguna vez con invitación, y confieso, a veces llego sin aviso y me reciben con una sonrisa. Ellos, leen los correos que les envío, y hasta me contestan.
Se van ellos y se apaga el radio, si lo enciendo por la noche y si no estoy escribiendo escucho Radio Internacional de China, buenísimo programa, muy interesante –sí, es en español- mucha historia y mucha cultura.
El radio acompañando el cafecito de la mañana, acompañando a limpiar, a cocinar, a escribir, a comer. El compañero de muchos, cuando quien está en cabina muchas veces está solo.
Los domingos son musicales, música vieja, muy vieja. Por cierto, hace mucho que no escucho a Juan Manuel Nieto, ¿será que lo cambiaron de horario y no me avisaron? Me gustaba escuchar cuando contaba cuentos o tenía invitados que los contaban. Qué rico que te cuenten un cuento en el radio. Puede ser que de eso pida una chamba…me gustaría y me gustaría saber que se siente acompañar y visitar a tanta gente que no conozco. Cuando trabaje fuera de casa por la mañana, ¡cuánto los voy a extrañar!
L.Ruiz 2015

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