Libros


A mí sí me gusta sentarme al frente en las presentaciones literarias que me interesan. Me gusta ver, escuchar y sentir de cerca las voces y lecturas, ver las manos que escribieron la historia y ahora la sostienen en un libro. Estuve en el Cubo del Cecut para presenciar lo que tenían que decir acerca de Viento del Siglo de Eraclio Zepeda en compañía de Elva Macías. Había mucha gente, como siempre esparcida por toda la sala, huecos de sillas vacías en medio, me resulta incómodo incomodar a las personas y atravesarme para ocupar mi asiento. No sé por qué carajos no se sientan en orden, pensando que otros llegarán después, al menos evitarían que les pisaran los callos. En fin, mis ojos se ubicaron en las filas vacías de adelante, estaba iniciando la presentación, a punto de sentarme veo que todas las sillas tenían un papel de “reservado” . Uno tiene que respetar pues, y me fui a sentar atrás.
Qué tan importante será la gente de los reservados que pasan veinte minutos y no llegan. Un hombre derechito como soldado a un lado del público parece buscar a alguien, me distrae. Desde mi lugar podía ver bien, escuchar bien, hasta que el derechito se cansó y se sentó justo delante de mí, ahora solo puedo ver su cabeza. Y los reservados nunca se ocuparon. Buena idea eso de reservar para nadie. L.Ruiz 2015

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