El gobierno más justo


Dije que no tenía idea de mi decisión para votar y que cada día amanecía con una opinión diferente. Nunca pensé anular, aunque lo gritaran a los cuatro vientos, nunca pensé que esa es la mejor alternativa.

Aún hay quien tiene la indecisión en sus manos, aun quienes siguen haciendo caso a las publicaciones extremistas que incitan a la anulación del voto. Mi confusión constante no incluía amarillismo, ni corrupciones o desacatos a la ley. La incongruencia fue la gran anomalía de absolutamente todos los partidos.

El anuncio proselitista en radio, prensa y televisión, he de decir que los de televisión me azoraron en canales “del otro lado” y nunca vi uno completo, el único buen tino de esto es que hubo advertencia previa a la cascada de anuncios, entonces tuve la oportunidad de cambiarle a tiempo.  Los escuché todos en la radio, no hubo forma de evadirlos estaban por todas partes, a todas horas, en cualquier estación, esto es lo que me da la sensación de que, lejos de informar la intención era confundir y revolver.

Primero porque, ya sabemos, críticas y ataques de unos a otros, cada uno era mejor que el otro. Incluyeron groserías, burlas, sarcasmo, desprestigio en contra de los otros, poco hablaron de sí mismos usando consignas que difícilmente fueron creíbles

Después porque los candidatos (esta vez) “de a pie” desfilaban con sus caravanas de jóvenes y las banderas de un color y otro, tocaron puertas, hablaron con la gente, algunos escucharon, otros solo llenaron de basura los buzones y las rejas de las casas. Escuché a la mayoría, algunos llegaron a la puerta o a la cuadra y pude conocerlos o reconocerlos. Vi personas no partidos.

Entre lo que se escuchaba en los anuncios y lo que decía la imagen de cada candidato no había ninguna similitud. Entre el color que representaba cada ciudadano representante de su partido y las voces y groserías de la radio, no había ningún parecido. Entre los candidatos “nuevos” o jóvenes y los de bandera heredada,  no existe parecido. El disfraz de político añejo se construye con el tiempo y los jóvenes aun no caben en esa vestimenta.

Desde el principio, conocí quiénes y cuántos eran los candidatos de cada partido, en algún momento de  ocio, me di a la tarea de escribir en google uno a uno, el nombre de cada candidato, esta vez estuve acosando sus registros, antecedentes, curriculums y todo eso que hace cualquier metiche cuando no tiene nada qué hacer. De ahí que decidí por personas, no partidos.

Cuando apareció el partido humanista, quise saber de qué se trataba y quiénes lo iniciaron, desde un principio no me gustó siquiera que lo llamaran humanista porque encapsularon el título y lo humanista está en mucho más que un partido político. Los estudiosos de las Ciencias y Humanidades lo saben. Me encuentro con que las alabanzas al dios, protecciones de pastores, lanzando bendiciones a los ataques, es decir, alzando la voz a los cielos como si todas las religiones juntas se hubieran emancipado del vaticano para acogerse a la política de México. Digo, como dicen los letreros en las áreas de servicio de los hoteles “un lugar para cada cosa, y cada cosa en su lugar”

Luego una candidata de ese partido se amedrenta y se cambia de partido, de la noche a la mañana y anuncia que por “seguridad” de su persona y de su gente. Si quienes habían pensado en votar por ella insisten en esa decisión ahora lo harán por la candidata del Pan ¿a qué hora se unió el Humanista con el Pan?

Quien quede de Diputado en cada uno de los  distritos debe saber comportase como buen empleado de su comunidad y obedecer las órdenes de quienes votaron por ellos. Un “Pido tu voto” debe ser seguido de un “te cumplo”

No he preguntado, ni me interesa saber por quién votaran mis amigos ni ellos me han preguntado. La experiencia de la votación presidencial en el 2012 provocó cualquier cantidad de situaciones incómodas. Las de ahora son opiniones en voz alta, gritos y un bombardeo de publicaciones que, más bien es eso lo que a todos nos tiene hartos.

Ya iré con mi dedo manchado a deambular un rato por las calles, esperando que el ruido político desaparezca por un rato y aprendamos todos, en el día a día a vivir de la forma más congruente posible en nuestro propio entorno, dentro de nuestra comunidad, dentro de nuestro propia institución que es la familia, porque es ahí en donde debe vivir el gobierno más justo, compasivo y sensible de todos. L.Ruiz 2015

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