La única fotografía


Hay fechas de todas, en algunas se llora, en otras se ríe, en otras se bromea y a veces son para guardar silencio. Se acerca el día del padre, ese día estaré ocupada escribiendo de otros temas y varias horas de los siguientes días dando clases de natación.Antes de que el agua y las letras se atraviesen, me adelanto el texto para ese día.  No me gustan las celebraciones sociales obligadas, llenas de frases ajenas que cuando le pegan a uno la hacen propia la mayoría. Yo guardo silencio y como el silencio es mi mayor aliado, me atengo a las palabras del recuerdo y escribo por tercera vez desde que él se fue.

Me prestó la vida un padre solo por diez y seis años. Quizá sea que la vida puso a ese hombre en el mundo para que me diera la vida y aprender después, a vivir a empujones sin él, cuando el mundo ya no lo necesitaba lo regresó a la vida. Casi todos tienen un recuerdo de sus papás vivos o muertos, un dolor, una anécdota, una frase dicha, un regaño, muchas enseñanzas, una herencia o quizá no tengan nada. Yo tengo una mirada y por eso, guardo silencio. Esa mirada no tiene palabras, contiene imágenes, no tiene sonido ni colores. Es una imagen muda llena de significado que no puede imprimirse ni se puede escuchar.

Nada de aquello me hace sentir melancólica y mucho menos triste, ya pasó. Hace mucho que guardé las únicas dos fotografías que tengo de él. No necesito verlo para ver esa mirada, a veces creo que lo escucho, lo escuché en sueños muchas veces, otras  me parece que está en algún lado y casi siempre sé que lo tuve un ratito y se murió. No era la mirada de grandes ojos negros, ni los ojos con los que veía. Fue una, sola, cierta, exacta, única y perfecta mirada en la que había sentimientos y los lanzó por el viento  cruzando una alberca durante una competencia de natación, la que pudo haber sido mi última y también mi última entrada en una alberca.IMG_4149

El cuerpo de la chiquilla de entonces era el de una atleta, no el de una adolescente “como debe ser” y sí, existía el bulling, antes “me hacían burla”  por gorda, grandota, tosca, intempestiva, brusca, hasta marimacha. Quise dejar la natación por eso y creí que la gimnasia olímpica me haría “mujercita linda y femenina”. La verdad es siempre he sido igual, ni la natación me hizo tosca y atrabancada, ni la gimnasia me hizo linda y tierna. Él sabía que yo era así, muy mujer con todo lo que una mujer no es. Quizá sabía que solo así podría vivir sin que él me tuviera que acompañar, porque sabía que no estaría cerca muy pronto.

Arriba del banco de salida no.4 la prueba de 200 metros mariposa (sola, no había niñas que compitieran en esa prueba) preparando mi respiración, brazos, piernas. Acomodé mis goggles y en posición de salida, lo busqué entre la gente con la mirada y encontré la suya.

El hombre alto, con aroma de English Leather, delgado muy derechito, su cara levantada, una enorme sonrisa y sus grandes ojos negros me lo dijeron: Así de  valiente te quiero, así de grandota eres la mejor, ¡esa es mi hija! Quise pensar que dijo. Y esa, esa es la herencia mayor que dejó en lo más profundo de mi ser.

Y con esa única fotografía me aventé a vivir.

L.Ruiz  Junio 2015

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